Tesoro devaluado
"La juventud es feliz porque es ciega: esta ceguedad es su grandeza: esta inexperiencia es su sublime confianza. ¡Cuán hermosa generación la de los jóvenes activos! ".
Muy estimados lectores, dentro del marco del mes de la Juventud debemos hacer un especial énfasis en la situación actual por la que atraviesa este núcleo social en el mundo moderno partiendo de una diferenciación de los jóvenes según su condición social, hay tres instituciones (la familia, la escuela y el lugar de trabajo) que funcionan de modos distintos. Por ejemplo, para aquellos de clase media o alta, "socialmente incluidos", la familia es el gran punto de apoyo en su travesía entre el mundo de la escuela y el mundo del trabajo.
Cuando ellos se procuran y se experimentan, la familia funciona como contención en los momentos críticos. Para los jóvenes de clases populares, "socialmente excluidos", cuando llega la adolescencia, es la familia la que precisa de ellos para que colaboren en la supervivencia del núcleo familiar. De acuerdo con la visión postmodernista el trabajo es visto en términos de proyecto de vida, como orientación. Para aquellos segregados, el trabajo se convierte en la herramienta por la supervivencia.
Para el conjunto de los jóvenes, más allá de su condición social, la incesante búsqueda de referentes para la construcción de su identidad fuera de la familia, como parte de su proceso de individualización, se torna característico y es aquí, en este proceso, donde los medios masivos de comunicación, fundamentalmente la televisión, tiene su principal incidencia en la subjetividad de los jóvenes, en el sentido de crear referencias de identidad.
La formación de una identidad se convierte en un proceso penoso y complicado. Las referencias positivas escasean o se mezclan con las negativas. Ropa, posturas e imágenes componen el lenguaje simbólico inseparable de los jóvenes. La identidad solo existe como espejo, y ese mismo es el obrar del otro, carente de una personalidad autentica.
Y en este complejo proceso, existe el fenómeno del "mercado adolescente" o lo que es lo mismo, el adolescente, el joven, transformado en franja privilegiada por el mercado consumidor. La imagen del adolescente consumidor, difundida por las publicidades y la televisión, ofrecen una identificación a todos los jóvenes sin distinción de clase. Esto genera una gran contradicción, ya que al ser la publicidad destinada "a todos los jóvenes", seguramente habrá quienes no puedan acceder a ese producto. Al darse esta situación, que diferencia la posibilidad de consumo " ante la desigualdad de acceso al producto, cada clase social busca determinados valores y determinados padrones consumistas. Sin embargo, en muchas oportunidades, se da el fenómeno de que los jóvenes de clase media o alta tienden a identificarse con los jóvenes de clases populares, y esto se hace principalmente visible en la vestimenta, en la música que escuchan, a los lugares donde van a bailar, etc.
La actual sociedad de mercado, como cualquier aparto cultural, depende de las actitudes y disposiciones psicológicas de los individuos para ser y pensar. Para que el mercado funcione, es preciso que el sujeto esté siempre dispuesto a adquirir los nuevos productos creados por la industria. A esto se acostumbra a llamar consumismo. Sin embargo, la palabra consumismo es inadecuada para designar el hábito económico al cual se refiere por dos principales motivos: por un lado, porque nos hacen creer que consumimos cosas que, de hecho, compramos; y por otro lado, para dar entender que todos somos iguales ante la posibilidad de comprar de mercaderías. El comprar no siempre es una acción regida por necesidades biológicas, pero sí como un hecho económico con implicaciones sociales. Delante de esta realidad, los jóvenes son diferentes y desiguales. Adquirir un determinado define dentro del universo social "quien es quien".
El llamado consumismo, es el modo por el cual el imaginario económico encontró su manera de legitimarse culturalmente, representando a los productos o mercaderías como objetos de necesidad supuestamente universal y, ocultando por ese medio, las desigualdades económicas y sociales de los potenciales compradores, en este caso, los jóvenes.
Existen muchas coincidencias las cuales afirman que: las políticas de ampliación del consumo juvenil, asentadas en la postulación de productos específicos para determinada edad y los discursos homogeneizantes referentes al único tipo de juventud se sustentan en un intento de borramiento de fronteras que las posiciones sociales no dejan de negar a medida que se profundiza en los condicionamientos sociales".
Los jóvenes construyen una subjetividad e identidad, en una sociedad tan polarizada como la nuestra, donde la publicidad y la TV marcan cuál es el objeto a consumir o el producto "de moda próximo a comprar y que éstos pasarán a ser parte de esa construcción de identidad. Esto marcará el carácter de "incluido" o "excluido", pero en este caso, del "mercado consumista", lo que en muchas ocasiones trae aparejado la consolidación de discriminaciones simbólicas, jerárquicas, autoritarias y excluyentes, llevando incluso a la violencia.
Hemos visto en los puntos anteriores como, de acuerdo a la condición social, hay una inclusión en la esfera laboral y educacional, la estrecha relación que existe entre estos dos factores, determina la construcción de un porvenir. Su relación con la política y con los partidos políticos, y como participan en otras acciones tendientes a mejorar su calidad de vida deben de ser instrumentos para una convivencia armónica en sociedad. Inmediatamente surgen algunas interrogantes en este punto ¿Acaso todos los jóvenes participan de igual manera? ¿Qué pasa con aquellos que no tienen participación en organización de la sociedad civil, qué hacen?, no cabe duda la juventud es un tesoro que ha sido devaluado.
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Acerca del autor:
Lic. Enrique Javier Cruz Romero

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