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INICIO OPINIÓN     Miércoles, 18 • Enero • 2012

Cristal Estándar

El mito del federalismo


"El Gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan"

Honoré Gabriel Riquetti (9 de marzo de 1749, Castillo de Le Bignon, Nemours - 2 de abril de 1791), Conde de Mirabeau, fue un revolucionario francés y escritor


 
Muy estimados lectores y amigos, el escenario político contemporáneo se caracteriza por la propagación de grupos de presión y una creciente variedad de sectores interesados en el ejercicio del poder, la capacidad para procesar y arbitrar demandas antagónicas es la tarea más importante en el proceso de transformación política y social. La existencia de un pluralismo institucional caracterizado por la presencia de partidos políticos, asociaciones civiles entidades gremiales, grupos religiosos, sindicatos, movimientos de base, etc., facilita la participación social, pero por otro lado, la fragmentación en base a criterios religiosos, ideológicos, sociales, étnicos, y geográficos, está generando el fenómeno de "desintermediación política" en el cual los partidos políticos tradicionales están perdiendo su capacidad de convocatoria, y una gran variedad de estos grupos de interés se proyectan directamente al ámbito político nacional, e incluso internacional sin pasar por el "filtro" de los partidos políticos.

El fenómeno del federalismo en un país no se completa con la división de poderes exclusivamente: se requiere de una redistribución de funciones entre los órdenes de gobierno (federación, estado y municipio) en lo que conocemos como la división vertical y de la que tanto se admiraba A. de Tocqueville en su obra "La Democracia en América". Como sabemos, la obra de Tocqueville como parte de la corriente de la teoría política de Locke y Montesquieu, es partidario de la preservación de la libertad mediante la configuración de un sistema de poderes para tal efecto.

Para algunos grupos (obviamente beneficiados del poder) la descentralización en México, ha incrementado la eficiencia administrativa federal con una mayor presencia en las entidades federativas y municipios o regiones, mejorándose, relativamente, los canales de comunicación en los dos sentidos para una mejor toma de decisiones. Pero desde la óptica del poder político presidencial, no puede ser una opción viable de democratización a nivel local, ni puede ser la alternativa real de democracia.

Los procesos democratizadores de gobiernos latinoamericanos, obligan a repensar la nueva articulación entre Estado y sociedad civil y a imaginar las formas de participación y representación en la solución de los conflictos políticos, que los mismos han generado. Estos mismos procesos no se han consolidado en la región, y México no es la excepción, porque existen "enclaves autoritarios" heredados del viejo sistema político que se niega a dar paso a lo nuevo. En este tránsito de nuestra sociedad hacia otros esquemas, encontramos problemas políticos emergentes los cuales entendemos como aquellos que devienen del paso de una sociedad tradicional a una moderna o posmoderna, de una ruptura con el viejo orden que da lugar a un nuevo orden. Se advierte, por otro lado, un período en el que nuestro equilibrio y la estabilidad se caracterizan por el riesgo y la incertidumbre. Por ello, dentro de la nueva racionalidad del Estado que no se deriva ya de una fuerte presencia en la sociedad, surgen los procesos descentralizadores como mecanismos para la solución de los conflictos, que se articulan con los mecanismos (ya gastados por cierto, pero eficientes aún) de la concertación social y política para lograr la gobernabilidad.

El nuevo Federalismo debe investigarse a partir de nuevas metodologías como la de la "relaciones intergubernamentales", para entender no la vieja connotación del Federalismo de jerarquía y relación de dominio de arriba hacia abajo sino las relaciones federación-municipio, estado-municipio, federación- estado-municipio e intermunicipales. Es decir, todas las combinaciones y permutaciones entre los tres niveles de gobierno. El Federalismo debe desprenderse de las ambigüedades teóricas que nublan su problemática. En el terreno de una definición práctica, el Federalismo debe considerar una definición "operativa" del municipio. En este sentido sería conveniente una modificación al ART. 115 Constitucional que, a la vez que toma en cuenta la nueva realidad social, acote los márgenes de interpretación de las entidades federativas de dicho artículo.

Fundamental para la "reconstrucción" del Federalismo es una nueva y más justa distribución de los recursos entre la federación, los estados y los municipios. Consecuente con la reasignación de los recursos se necesita de una administración eficiente y honrada (de ahí la importancia de la participación de la ciudadanía en la gestión municipal) sin la cual los recursos se escurrirían sin control. Para que todo lo anterior suceda dentro del marco del Estado de Derecho y sin el peligro de la desintegración nacional, se requiere el fortalecimiento del poder Judicial, una reforma electoral a fondo y un sistema de partidos competitivos.

Apreciables lectoras y lectores, ante todas estas hipótesis de esquemas de poder; podría el poder presidencial empezar a diluirse para fortalecer la capacidad de toma de decisiones a nivel estatal y municipal; en teoría. Sin embargo la experiencia y los tragos amargos de la decepción que hemos sufrido los mexicanos con expectativas de "cambios" y gobiernos honestos y decentes, nos indica que los menos favorecidos son los sectores de la sociedad.



COMENTARIOS: enriquejavier_cr@yahoo.com

Twitter: @enriqueromero30

Acerca del autor:

Lic. Enrique Javier Cruz Romero

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